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Éxodo de temporada En plena época estival, el puente de la Virgen deja las calles, terrazas y piscinas de la capital burgalesa prácticamente desiertas. Mientras, todos los municipios de la provincia hacen acopio de visitantes.Con tanto hueco, nadie se pegó por las sombrillas en la piscina.
Domingo por la mañana. Puente de la Virgen. Pleno mes de agosto en Burgos capital. El ánimo festivo comienza a embriagarnos, imbuyéndonos en un espíritu alegre y dicharachero frente al que la mejor opción es salir a conquistar la oferta lúdica que la ciudad puede ofrecer. Sólo o acompañado, en pareja o en grupo, la fiesta en España es sagrada. El paisaje que se contemplaba en el mediodía de ayer en las Piscinas Municipales El Plantío era, cuanto menos, diferente (acostumbrados a la masificación ‘por sistema’). Una mujer tomando el sol por aquí, unos caballeros jugando a las cartas por allá, y un valiente nadador en el agua. Eso sí, tranquilidad por doquier. Para Araceli, una de las socorristas de las instalaciones, se trata de una excepción, ya que, como asegura, «este verano ha venido más gente gracias a que hemos tenido mejor tiempo que el año pasado». Con la visión de las aguas de la piscina en reposo absoluto aún en la retina, hacemos un pequeño alto en el rastro que copa los alrededores del estadio de fútbol. A diferencia de otros domingos, se puede pasear con holgura entre los puestos. Isabel, vendedora ambulante de este típico ‘mercadillo’, lo tiene claro: «Llevamos un mes de agosto que no sabemos dónde se mete la gente». «Están tomándose un aperitivo», pensarán muchos. Quizá en las zonas de ‘picoteo’ próximas a la Plaza Mayor, la Catedral o el Paseo del Espolón. Una vez allí, en pleno casco histórico burgalés, viendo las terrazas llenas de sitios libres, con los camareros a la espera de poder desplegar todo su saber hacer con unos clientes que no terminan de llegar y los paseantes, cámara en ristre, hablando otros idiomas, uno se pregunta, irremediablemente, dónde pueden encontrarse sus convecinos en un día de asueto del puente de la Virgen. Manolo, del bar ‘La Cabaña Arandina’, comenta con resignación que «la gente está en los pueblos», afirmación a la que se apresura a añadir una retahíla de frases tipo ‘queja’ tales como «la cosa está muy floja», «los turistas cada vez gastan menos», «esto es algo general». Y con esos ‘devaneos’ de crisis, Manolo ni se percató de que había resuelto el misterio de la jornada. A PASAR EL DÍA. La acogedora localidad de Arlanzón, que se encuentra situada en la comarca de Burgos, a 22 kilómetros al este de la capital, cuenta habitualmente con una población aproximada de 440 habitantes. El verano duplica y hasta triplica el número de habitantes en muchas localidades de la provincia, tendencia que puede hacerse extensible al resto de España y que, se podría afirmar, está recuperando el auge del que ya gozara en épocas pasadas. O por lo menos es la conclusión a la que cualquier simple ojeador podría llegar sin esfuerzo acudiendo, un día festivo como el de ayer, a un pueblo elegido al azar. La estampa es ya todo un clásico. Los vecinos acuden a la iglesia para participar de la misa mayor, que termina minutos antes de la una. A la salida, los saludos y las preguntas se suceden: «¿hasta cuándo os quedáis?» o «¿a pasar unos días de fiesta?». Los padres están contentos, los hijos corretean tranquilos y los abuelos se desviven para que a los suyos no les falte de nada. La historia se repite desde siempre. Joaquín es uno de los miles de españoles que, en un momento determinado de sus vidas, abandonaron su localidad natal para buscar un futuro más próspero en otro lugar. En su caso, cambió Arlanzón por Barakaldo (Bilbao). Al fallecer sus padres heredó una casa y, cada verano, vuelve a sus orígenes, a los paisajes que le vieron crecer y hacerse un hombre. La Taberna de Arlanzón es el punto de encuentro de los muchos visitantes y vecinos que abarrotan el pueblo en agosto. Es el lugar ideal para charlar, tomar algo fresco y encontrarse con personas a las que se ve una vez al año. Tras el pincho todos se marchan a comer, y se despiden «hasta la próxima». Hoy es lunes, el puente pasó y quizá la ciudad haya recuperado a parte de sus habitantes. Pero nuestros pueblos seguirán ahí, esperando pacientes el regreso Textos tomados del diario de Burgos
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